Para los voluntarios de la Jornada Mundial de la Juventud, no basta con una sonrisa amable. En un evento internacional que congregará a decenas de miles de participantes, una orientación incorrecta puede desviar los flujos de movimiento de los asistentes y derivar en aglomeración de multitudes o accidentes de seguridad.
El primer principio del buen voluntariado es no fingir saber lo que se desconoce. Si existe incertidumbre sobre horarios o rutas de desplazamiento, los voluntarios no deben responder de manera improvisada, sino confirmar la información con materiales de orientación oficial o los responsables del evento.
El segundo principio es respetar el propio rol y sus límites. Los voluntarios pueden encargarse de orientación de espacios y verificación de registros, pero la atención de emergencias médicas, la denuncia de delitos y el control de multitudes deben transferirse inmediatamente al personal especializado: médicos, policía y bomberos. También deben evitarse acciones como trasladar sin prudencia a participantes caídos o guardar objetos perdidos de forma personal. Ante la detección de riesgos, es fundamental reportar de manera breve y precisa el lugar, la situación y el apoyo necesario.
El tercer principio es adoptar una actitud de respeto por la diversidad. Los voluntarios no deben formular preguntas excesivamente personales ni tomar fotografías sin consentimiento por diferencias de nacionalidad, idioma, raza, discapacidad, religión o género de los participantes. Ante barreras idiomáticas, es preferible utilizar expresiones simples, imágenes o herramientas de traducción oficial antes que alzar la voz para repetir información. Al asistir a participantes con discapacidades, primero debe consultarse qué tipo de ayuda necesitan.
La protección del propio voluntario también forma parte del voluntariado. Si durante olas de calor intenso aparecen síntomas de mareo o agotamiento, estos no deben tolerarse en silencio; el voluntario debe informar al responsable y descansar. Tampoco debe enfrentarse solo ante insultos, acoso sexual o discriminación: existe un canal de denuncia establecido para estos casos. El trabajo sin descanso no debe romantizarse como dedicación.
Un buen voluntario no es quien resuelve todos los problemas en solitario, sino quien conoce sus propias capacidades y sabe cuándo derivar la situación al responsable del lugar o al personal especializado. Una conducta serena que "se detiene, verifica y conecta" protege la seguridad tanto de los peregrinos como de los voluntarios.
El primer principio del buen voluntariado es no fingir saber lo que se desconoce. Si existe incertidumbre sobre horarios o rutas de desplazamiento, los voluntarios no deben responder de manera improvisada, sino confirmar la información con materiales de orientación oficial o los responsables del evento.
El segundo principio es respetar el propio rol y sus límites. Los voluntarios pueden encargarse de orientación de espacios y verificación de registros, pero la atención de emergencias médicas, la denuncia de delitos y el control de multitudes deben transferirse inmediatamente al personal especializado: médicos, policía y bomberos. También deben evitarse acciones como trasladar sin prudencia a participantes caídos o guardar objetos perdidos de forma personal. Ante la detección de riesgos, es fundamental reportar de manera breve y precisa el lugar, la situación y el apoyo necesario.
El tercer principio es adoptar una actitud de respeto por la diversidad. Los voluntarios no deben formular preguntas excesivamente personales ni tomar fotografías sin consentimiento por diferencias de nacionalidad, idioma, raza, discapacidad, religión o género de los participantes. Ante barreras idiomáticas, es preferible utilizar expresiones simples, imágenes o herramientas de traducción oficial antes que alzar la voz para repetir información. Al asistir a participantes con discapacidades, primero debe consultarse qué tipo de ayuda necesitan.
La protección del propio voluntario también forma parte del voluntariado. Si durante olas de calor intenso aparecen síntomas de mareo o agotamiento, estos no deben tolerarse en silencio; el voluntario debe informar al responsable y descansar. Tampoco debe enfrentarse solo ante insultos, acoso sexual o discriminación: existe un canal de denuncia establecido para estos casos. El trabajo sin descanso no debe romantizarse como dedicación.
Un buen voluntario no es quien resuelve todos los problemas en solitario, sino quien conoce sus propias capacidades y sabe cuándo derivar la situación al responsable del lugar o al personal especializado. Una conducta serena que "se detiene, verifica y conecta" protege la seguridad tanto de los peregrinos como de los voluntarios.
* Este artículo ha sido traducido por IA.
