El presidente Lee Jae-myung lanzó el pasado 5 de noviembre el canal de YouTube 'El YouTube del Presidente' con el propósito de ampliar los canales de contacto directo con la ciudadanía. Es positivo que el presidente explique los asuntos de Estado y comunique el trasfondo de las políticas. Sin embargo, tras observar el primer episodio surge una interrogante fundamental: ¿es el concepto de comunicación del presidente el mismo que esperan los ciudadanos?
La comunicación no es una transmisión unidireccional de mensajes. Se trata de un proceso en el que se escuchan opiniones diferentes, se debate, se persuade y, en ocasiones, se modifican propias convicciones. Si el proceso se limita a que el presidente exponga sus ideas mientras los ciudadanos simplemente escuchan, no puede considerarse verdadera comunicación. El presidente debe estar tan dispuesto a escuchar lo que los ciudadanos desean transmitirle como a expresar sus propias ideas.
El presidente mismo desarrolló un argumento similar en el primer episodio. Afirmó que "la controversia no es algo malo. Cuantos más debates y discusiones racionales haya, mejor", comparando la actividad en redes sociales con asistir en persona para conocer a la gente. Sin embargo, sus comentarios posteriores adoptaron un tono distinto. En lugar de promover debate y discusión, se enfocó en aclaraciones unidireccionales como "dicen que estoy atrapado en algoritmos, pero no lo estoy". Dada la naturaleza de una grabación de YouTube, era prácticamente imposible esperar verdadera comunicación bidireccional desde el inicio.
También es cuestionable si conviene expandir mediante YouTube la constante actividad en redes sociales del presidente, cuando desde su entorno hay voces pidiendo que la moderada. Si realmente se tratara de ampliar canales de comunicación, no habría objeción. El problema es que se están expandiendo únicamente canales de transmisión unidireccional, sin verdadera comunicación.
Si el presidente se limita a transmitir sus mensajes de forma más frecuente y directa, corre el riesgo de que ello sea percibido como una herramienta política dirigida solo a sus simpatizantes, en lugar de reflejar las opiniones de toda la ciudadanía. La comunicación presidencial no debe limitarse al diálogo con sus partidarios. ¿No se ha comprometido el presidente a ser "un presidente para todos, que abraza y sirve a toda la población"?
También genera preocupación que las redes sociales podrían llevar a una mayor obstinación respecto a políticas desacertadas. Las redes sociales son fundamentalmente espacios de comunidades afines. Incluso cuando se publican críticas lógicas en los comentarios, es común enfrentar ataques masivos. Por eso en la realidad las personas evitan expresar críticas con facilidad. Además, cualquier crítica tiende a ser abrumada por comentarios de apoyo.
El resultado es una evaluación errónea de que las políticas están siendo efectivas y cuentan con respaldo ciudadano. ¿Es verdaderamente apropiado que, cuando los precios de viviendas en Seúl han establecido un récord sin precedentes con 91 semanas consecutivas de alzas, el presidente se limite a explicar la línea política existente a través de redes sociales en lugar de replantear la dirección de la política? Existe el temor de que la conducta presidencial pueda interpretarse como "sin importar la realidad o las opiniones de los ciudadanos, continuaré guiando la administración conforme a mis principios".
Si se desatienden las diversas voces de la ciudadanía, la interpretación de la realidad será necesariamente inexacta. Si se malinterpreta la realidad, los tratamientos políticos serán inefectivos. No es posible resolver los desafíos del Estado si se ignoran estadísticas incómodas y opiniones críticas mientras se concentran esfuerzos en explicar la legitimidad de las políticas mediante canales de transmisión unidireccional.
Es positivo permitir que la ciudadanía escuche más perspectivas del presidente. No obstante, esto conlleva una condición esencial: cuanto más hable el presidente, más debe escuchar a los ciudadanos. Si el presidente busca una verdadera comunicación, debe ampliar audazmente las oportunidades de escuchar directamente la voz de la ciudadanía y de debatir, más que depender de canales de redes sociales que son inherentemente unidireccionales.
Lo que el presidente necesita no es dar a conocer ampliamente que sus decisiones son correctas, sino escuchar las voces que le señalen qué está fallando.
* Este artículo ha sido traducido por IA.
